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jueves, 30 de junio de 2011

Como Barney Stinson

Ya acabaron mis vacaciones, y como no me puedo resistir a escribir, os contaré todo lo que me ha pasado durante las susodichas:


El título del artículo de hoy:


          LA MUERTE TENÍA UN FERCIO


Pues verás, iba con mi madre y hermana, el penúltimo día de vacaciones (íbamos en familia) cuando, cruzando por un paso de peatones, me ocurrió lo siguiente:


-Recordé que, en esa misma avenida, días antes, unos chavales estaban cruzando por el paso de cebra bien, cuando un autobús municipal corría a toda hostia recorriendo su recorrido (valga la redundancia). Les pitó el claxon con intensidad y furia, para frustrar su intento de cruzar la calle.


Pues bien, lo recordé en lo que venía el mismo autobús, con las mismas intenciones, sólo que más peligroso: según se acercaba, aceleraba más y más hasta ver cómo yo no tenía intención de dejar de cruzar la calle. Éste, al verlo, siguió acelerando hasta que freno en el último instante, quedándose a unos 20-25 cms. de distancia respecto a mí.


Mi madre insultándolo y gritándolo. Yo gritándolo e insultándolo. Y el individuo, con su bigote guarro y su cara de gilipollas, nos miraba y hablaba como perdonándonos la vida y con unos gestos y una expresión que lo mostraba como buena persona diciendo: "Anda; pasad, pasad". A la vez que movía la mano con la palma abierta indicándonos el camino a seguir.


Digo como Barney Stinson, por la último capítulo de la 3ª temporada de Cómo conocí a vuestra madre. Miradlo.


Las contaré más historias,              Fer

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